Antes, cuando llegaban las fechas navideñas, me sorprendió primero, y luego me fui acostumbrando, que el buzón de la esquina desaparecía de su lugar de trabajo, para aparecer triunfante luego de unas merecidas vacaciones.
Sin embargo, este año, cuando me dirigía a llevar mi correspondencia al Centro Comercial- convencida de que mi amigo color fuego estaba confinado- lo ví paradito, allí estoico. Dispuesto a seguir con su labor y sin disfrutar de su descanso.
Al fin y al cabo, ¿para qué servíría de otra manera?
¿Arrumbado en el jardín de mi vecino el cartero?
Así que cambié mi ruta, cosa que me iba alegrando, por el frío intenso. Su cercanía me alegró la tarde
Y es así que lo noté diferente, me guiñó un ojo, como si fuera primo de las farolas piazzollescas, dejé las cartas y regresé a casa.
Su foto, aquí:
"Se ha reducido la boca del buzón para prevenir daños causados por pirotecnia. En caso de envíos de mayor grosor, por favor, diríjase a la Oficina de Correos más cercana. Disculpe las molestias."